Blasfemas
y te atreves
a aceptarlo.
Me tiemblan las manos,
tengo el secreto
voraz en mi boca.
Quiero dártelo,
abandonarlo contigo,
quiero abandonarte
y tirarme en el olvido.
Parece casual lo oculto,
absurdo,
como el riesgo
de aceptar tus mentiras
y morderme los labios.
Te encierras
en el ínfimo recinto
de tu obscena meláncolia
y me quitas el barbijo,
me empujas,
me desafías.
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