miércoles, 24 de septiembre de 2008

Después de hablar con Claudio

Se escapó el vestigio
y quedó vacío el fondo,
vencido, aguado,
indefenso, mortal.
Se llenó de presencias la habitación,
alguien habla retumbando
en mis oídos y es cercano.
Me hace inevitable,
¿perdurable?,
no lo sé, pero parece entender
mi sin fin, ¿mi eternidad? latente.
Estoy muerta y no he encontrado
a nadie
capaz de levantar mi oscuro velo,
no he encontrado a nadie
que me rememore,
que sepa a que había venido yo.
El desapego crea
la inmaculada tradición,
la de volver constantemente
a ser aquello que me inspiro.

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