Padecimiento que roza
mi lagrimal
y lo despierta.
Y el rubor
vuelve a mi cara mojada.
En la tertulia llena
de velos transparentes,
mis piernas temblorosas
se entrecruzan.
Quiero gritar, pero
solo murmuro.
A esta tristeza desbordada
no puedo detenerla
aunque me pierda
entre la gente.
Padezco de tus iras,
de tu miedo
y de tu manera
de decirme que aún
estás.
Mi desconcierto
se llena de lágrimas.
La música suave
desencadena mi extraña
melancolía.
Salgo del salón,
me voy,
no quiero que me vean.
Nadie lo entendería.
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