jueves, 30 de octubre de 2008

Después de hablar con Claudio.

Se escapó el vestigio

y quedó vacio el fondo,

vencido, aguado,

indefenso, mortal.

Se llenó de presencias la habitación,

alguién habla retumbando

en mis oídos y es cercano.

Me hace inevitable,

¿perdurable?,

no lo sé, pero parece entender

mi sin fin, ¿mi eternidad? latente.

Estoy muerta y no he encontrado

a nadie

capaz de levantar mi oscuro velo,

no he encontrado a nadie

que me rememore,

que sepa a que había venido yo.

El desapego crea

la inmaculada tradición,

la de volver constantemente

a ser aquello que me inspiro.

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