jueves, 30 de octubre de 2008

No me atrevo a dejarme.

Hay inquietudes infructuosas

en los exagerados laberintos

intrincados de perforación.



Qué razón mas rara!, que perfecta

agonía aquella que te inclina

entre el ser y el estar

cruzando la línea punzante

del arrullo justo

y hasta asfixiante del largo

espacio entre lo adverso

y lo ironizante.



Se doblan

las piernas y se pierden

los secretos,

ya no quiero ocultarte nada

porque todo me atravesaría

si te dejara.




Lejanías absurdas de porqués

no concretos o desgastados

tras explicaciones mudas

y abrazos que no acontecen

por las deformaciones casi inconscientes

de mis instántaneos temores innecesarios.




Ya no sirven las interrupciones porque

detesto aquello que no puedo pedirte

porque no me atrevo a dejarme

para que me cuides por siempre.




Soy hipócrita al pensar que puedo alejarme

si solo pretendo sentir mi abdomen

demasiado cerca de tu alma.

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