Qué dolor te embarga?,
mi querido y absoluto niño.
Qué aflige así a tus brillantes
ojitos oscuros?...
Haces que mi garganta se anude y
mis brazos corran a abrazarte.
Cuál es la pena?,
cuál es el mandato que
no podemos oir?.
Sabes que no pueden aturdirte,
solo tienes que dejar que se vayan
y esperar un rato,
yo iré a buscarte,
siempre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario