miércoles, 1 de octubre de 2008

El Libro de Titi

Estaba en la habitación, la puerta se cerró de repente, aunque hizo un ruido apenas

perceptible.

Él volteo pensando que alguien había entrado, pero… ¿quién podría venir si nadie ya

visitaba ese lugar, ni sabía que él estaba allí?.

Debe ser el viento se dijo y miró hacia la ventana, pero esta estaba herméticamente

cerrada, volvió la vista rápidamente a los cristales cuando apenas acababa de despegarla

de ellos y observó sorprendido que algunos estaban empañados.

El pulso se le aceleró, algunas gotas de sudor aparecieron en su frente y una sensación

fría lo atravesó.

Seguramente cambió la temperatura al cerrarse al puerta… se dijo tranquilizándose.

Volvió hacia el libro que le interesaba, ese era el real motivo que lo había llevado

hasta allí.

Tomó el libro gris, el de tapas duras, el que había visto tantas veces en el regazo de su

abuelo.

Un libro que este jamás le había dejado tocar.

Lo abrió despacio, temeroso y expectante, como esperando descubrir algo terrible o

sorprendente.

Sus pupilas se dilataron de repente, su boca se abrió, el libro estaba lleno de páginas…

en blanco, en blanco!.

¿Qué significaba todo esto?, entonces su abuelo… si, como él lo había sospechado

siempre, ocultaba algo…

Se sentó indignado en el cómodo sillón beige.

Empezó a pasar las hojas una y otra vez y cada vez mas rápidamente…

Trataba de encontrar algo.

Entonces su atención se dirigió a las tapas,

Claro – pensó – debe haber algo dentro de ellas, debo romperlas, pero se detuvo,

romper el libro de mi querido Titi, (así llamaba él a su abuelo), su amado libro…

Y otra pregunta atravesó velozmente su cabeza,

¿amado?...

Sabia poco de su abuelo, este siempre había sido un personaje misterioso, pero había

sido su mejor amigo durante su infancia…

Un ruido lo sacó de su ensimismamiento.

¿Qué había sido eso?, parecía como si el sillón hubiera dado un aullido, volvió

inmediatamente sus ojos hacia la ventana, los vidrios estaban ahora totalmente

empañados, se levantó de un salto y camino veloz hacia la puerta, tiró y esta no se

abrió, sorprendido e incrédulo volvió a tomar el picaporte y tiró de el con todas sus

fuerzas, cayó al piso por el esfuerzo, la puerta permaneció serenamente cerrada.

Se levantó lento, todo le daba vueltas en su cabeza, trataba de encontrar una respuesta a

todo aquello, una razón…

Sacó su celular de la campera pero cuando quiso marcar el número de Mica, su novia,

vio casi con un asomo de terror que su teléfono no tenía batería, lo había cargado hacía

solo unas horas…

Se apoyó en la mesa escritorio, casi sin saber si debía dejar que sus manos la tocaran, si

debía tocar algo de lo que estaba allí…

Trató de calmarse, debía pensar, relacionar los hechos sucedidos.

Desde que Titi se había ido, Leandro no había vuelto al campo.

Habían pasado diez años y él había sentido la necesidad de acercarse a su abuelo, a sus

recuerdos… Su curiosidad por aquel libro no había desaparecido nunca de su mente.

Su abuelo pasaba horas leyéndolo, sin dejar jamás que él lo viera y ahora, ahora que

había logrado tenerlo entre sus manos, lo habría y descubría doscientas páginas en

blanco!...

Y … la habitación cerrada, los vidrios cubiertos de vapor, su celular sin batería y la

temperatura que cada vez parecía ir aumentando un poco mas.

¿Qué significaba todo esto?, parecía una broma de mal gusto, tal vez de eso se trataba,

de una broma de mal gusto… ¿pero de quién? Y ¿cuál era el sentido, el por qué?...

Titi siempre le había dedicado tiempo, lo había escuchado y había compartido sus

juegos y siempre le había recomendado “no sucumbir ante ninguna tentación”, sí…

ahora lo recordaba, siempre repetía esa frase.

Él había sido su único nieto, hijo de su única hija. Su madre y Titi mantenían una

relación de respeto distante.

Su abuelo jamás le había querido hablar a su hija sobre su madre, ni sobre historia

familiar alguna.

La madre de Leandro, Isabel, había muerto tiempo después de la muerte de Titi.

Había muerto de un ataque al corazón… allí, en el campo…!...

Su cabeza le daba vueltas, todo alrededor de él daba vueltas…

Volvió hacia la puerta, tiró con fuerza e insistencia. Su cuerpo estaba tembloroso. Las

manos mojadas se le resbalaban.

Volvió hacia la ventana, el cielo estaba completamente oscuro, golpeó con fuerza los

vidrios, estos se rompieron atravesándole las manos.

Cayó al piso gimiendo de dolor, trató desesperadamente de cubrirse con su ropa las

heridas, como tratando de protegerse, cuando descubrió que dos vidrios habían

atravesado completamente sus muñecas… estaba desangrándose…

Con la poca fuerza que le quedaba tomó el libro que estaba sobre el sillón beige de su

abuelo.

Arrancando con un desesperado grito de dolor los vidrios de sus brazos abrió con uno

de los trozos afilados las tapas.

Las abrió, mordiéndose los labios, capturado por una especie de odio que recorría su

cerebro y hacía explotar su llanto.

Las abrió ferozmente y al hacerlo su sangre empapó las hojas en blanco. Miró alterado,

al borde de un shock nervioso, no había NADA, NADA!, nada escrito, nada dibujado,

ni una mancha!...

Arrancó las tapas con los dedos casi inmóviles, acalambrados por el dolor y una herida

que parecía agigantarse mas ante el menor esfuerzo.

Las arrancó y todo su cuerpo pareció ser arrancado.

Las arrancó y en el dorso interno que une a ambas vio letras, letras mínimas, al fin!, al

fin algo que lo ayudaría a entender…

Acercó el cartón a sus ojos y leyó

“La Curiosidad mata al Hombre”.





Fin

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